martes, marzo 31

Abriendo la Puerta

No me acuerdo muy bien como fue el día en que nací, era demasiado novata como para poder describirlo. Pero la fecha, según mi madre y los documentos, es el 19 de agosto de aquel año (1984) del que fue partida y testigo de mis pasos.
¿Cómo escribiré mi vida? Con un lenguaje normal, como lo que soy una joven de 20 años con sueños y sin prisa. El que este leyendo estos versos no se sorprenderá o quien sabe sí. Pero mi fin nos es sorprender sino posesionarme de la comprensión del lector. Es así como comenzaré.
Fui muy pequeña cuando comprendí lo que era mi vida. Despertaba de un largo sueño, cuando mis ojos se abrieron y vi a mi hermana bajando del camarote. Parecía en ese momento como si recién naciera, vi a una señora acercándose, sonriendo al verme despierta, acarició mi rostro, y me llevo a lavarme, pues no alcanzaba al lavatorio.
Mientras la miraba iba recordando que en un día antes de ese momento, a ella la vi llorando, y Yo le decía: ¿que pasa Coquita?, claro, era mi madre, la persona que hasta hoy a sido mi único apoyo y consuelo; a pesar que, como todo ser, tiene sus defectos. Ella seguía acariciando mi rostro y no dejaba de sonreírme. Yo a su lado me sentía bien.
Luego corrí como ave libre hacía mi triciclo, a hacer lo que hacía todos los días, pasearme y pasearme por la sala, delante de mi hermana que renegaba por las huellas que dejaba. Para mi era chistoso y no veía maldad; aunque en un momento su cólera crecía y Yo tenía que ir a lado del hombre que me defendía de todos, mi hermano mayor, Juan, en ese tiempo me acuerdo que era más delgado pero como siempre lo encontraba junto a sus cuadernos, es que en ese tiempo el postulaba a la nacional, cosa que para mis justos 3 años, aún no entendía. El me subía a su lado o me ponía detrás de el, impidiendo que me atrapen y me agarren a golpes, como era, cuando el no se encontraba y ahí sí, sólo me quedaba llorar.
Pero todo tuvo que cambiar. Un día, no recuerdo la fecha exacta, pues tenía 4 años. Antes cuando tenía menos edad, adoraba a mi padre como a mi madre, los dos eran mis estrellas que en cada noche me arrullaban; a pesar que aveces mi padre me asustaba y molestaba a mis hermanos, pero bueno yo no lo veía mal. Esa noche mí padre estaba tomando con sus hermanos, llegando a emborracharse, mi madre no tenía la costumbre de acompañarlo con las copas pero si estaba a su lado, para cuidarlo. Yo como siempre jugaba sola, en un juego que casi siempre me llagaba a aburrir, las escondidas, pero que podía hacer no había nadie que me acompañara a jugar. En ese instante yo me escondía debajo del lavatorio de la cocina, cuando vi a mi padre entrando enojado y jaloneando a mi madre, ella lloraba, yo me asusté y me quedé callada. El rostro de mi padre no era el que acostumbraba a ver. Mi madre sólo trataba de calmarlo; pero él no escuchaba, mientras que Yo quería salir de ahí, pero temblaba tanto que temí a lo peor. Y así fue cuando vi al ser, que era una estrella, bajarse a ser barro tras el golpe que le había dado a mi madre, y no fue uno, fueron varios, a mis apenas 4 años no sabía contar, pero si puedo decir que fueron tantos, que cada parpadeo era uno de ellos, lloré tanto, y desde esa noche prometí algo al propio Dios, que no he dejado de cumplir, hacer pagar a mi padre el dolor que hacía sentir a mi coquita (ese era el nombre con el que llamaba a mi madre y con lo q le llamo hasta hoy), eso nunca quedaría sí. Mi odio era tan inmenso que se convirtió en un rencor que hasta hoy no he dejado de sentir. Por que fingía tanto un cariño que no existía, ¿por qué pegar al ser amado? El ya no la amaba.
Esa noche cambió millones de ideas que tenía en mi cabeza. Y desde aquella vez llegarían nuevos sentimientos por lo que hoy vivo. Por lo que hoy siento. Por lo que hoy escribo.
En mi hogar, cada uno vivía su mundo, Yo por mi parte no tenía recuerdos de lo que era celebrar un cumpleaños. Solo conocía eso por las fiestas de niños a las que iba, por las que fueron pocas. Mi padre nunca fue un ser comprensivo, ni con la propia familia. Bueno. Solo sé que para mi primer año (eso que recuerdo fragmento pequeños de lo que fue), quien me saludó fue mi madre y mis hermanos; y una vecina, quien llevó una torta de regalo, es que en ese tiempo, el dinero no nos alcanzaba, a pesar de los trabajos de mi padre. Ese primer 19 el no llegó, se había ido a tomar con sus amigos, perdiéndose 3 días; cuando lo supe no me importó mucho, sabía además que no lo merecía. En ese tiempo él prefería encontrarse con otras mujeres que le calentaban la cabeza y prefirió seguirla, sin importarle la razón por la que decidió irse de su casa, su familia. Yo sé que mi madre sufría mucho con todo esto, pero ella por vernos felices nunca dijo nada y calló siempre.
Bajo estas ventanas crecí, viendo a mi familia quererse con el pellejo pero no con el corazón. Yo sé que por la cabeza de mis hermanos, pasaba la idea de escaparse e irse a vivir lejos, pues era lo mismo en que Yo soñaba. Pero otros gustos despertaban en mi corazón. Desde pequeña ya tenía el temor de casarme y vivir lo que mi mamá vivía, y lo que con el tiempo mi hermana vivió. Nunca sería una niña normal. Solo hasta que tuve 5 años pude soñar con tener un bebé; pero ahora y desde entonces mi temor es ese. Y como siempre digo: “no esta en mis planes”.
Mis únicos regalos fueron carros, trenes, aviones, y pocas veces una muñeca, sino fuera por que eso me regalaban en otros lugares, o como mi padrino que me regalo un muñeco, del cual fue mi mejor juguete. Todos mis antojos de plástico me eran cumplidos, si pedía a mi mamá un carrito de la tienda, a pesar que muchas veces no teníamos, ella me lo compraba. Todo era así. Crecí sin ser femenina, crecí sin la voluntad de ser madre o esposa. Crecí con otro molde.
Antes de cumplir los 5 años, viví un momento que me llevó, con el tiempo, a acentuar más la desición, que mas adelante relataré. Ese día, me quedé sola con mi hermano, el segundo, así siempre le digo, mi mamá y hermana salieron a comprar, y Yo, ni imaginaba lo que me pasaría. Él me llevó a la cocina, me miro tiernamente, pero luego su mirada brillaba, ya no era mi hermano, no sé quien podría ser, a mi corta edad no sabía lo que hacía, el se abrió el pantalón y algo salió de ahí, yo no sabía que era, aunque ahora si lo sepa, en ese momento solo creí que era un juego. Y el me dijo:”quieres probarlo”, mi curiosidad me llevó a decir que sí. Él me acerco más y cuando cerré los ojos, me dolió tanto, y mi cabeza volvió a sufrir otra revolución de ideas. Después, al llegar mi madre le dije que me sentía mal, ella nunca se dio cuenta. Eso se repitió durante una semana, para después Yo refugiarme a mis juguetes y elegí no despegarme de mi mamá. Ya tenía miedo.
El tiempo paso, no podía sentir amor de verdad, veía a todas mis amistades hablar del cariño en su hogar, mientras Yo temía decir que mi realidad era otra, y hasta a veces pensaba que ellos también vivían lo mismo que yo y mentían. Entre a la primaria y siempre fui una niña a quien todos me llevaban bien. Conocí a grandes amigas. Siempre reserve mis sentimientos tan diferentes a los demás. Preferí seguir haciendo reír; así Yo no lo llegue a hacer. Mi vida, hasta hoy, sigue siendo dura y difícil de llevar. Tendré miles de oportunidades de ser feliz pero es tan difícil de hallar la forma de sentirlo.
Siempre pensé, algún día dejaré de vivir, a eso quiero llegar. Dios Llévame ya, te necesito. Ya tenía 10 años, a mi edad, todos jugaban a las escondidas (mi juego de pequeña), pero Yo me sentaba a mirarlos, inventaba algunos juegos y al final me quedaba sola, deseando que llegue alguien que realmente me tome en consideración, alguien que me haga sentir que si puedo ser feliz, y lo único que se necesita es tratar de confiar.
Seguí creciendo, no como se esperaba pero crecí. Por supuesto que para eso. Mi hermano mayor, quien siempre quise, creo que él es el único hombre en que pude confiar, en quien pude creer; aunque nunca le hable de lo que realmente sentí. Pero bueno. Él se caso cuando yo tenía 10 años, con Shana, una muy buena chica, pequeña para él pero tan grande del corazón, con ella tiene dos niños. Nando, mi primer sobrino, y Gustavo el último hasta hoy. Quien también se casó a los dos años después de casarse mi hermano mayor. Fue mi segundo hermano, con Camucha, una chica muy buena y trabajadora, y con quien tiene dos nenes, Leonardo y Angélica, inquietos por naturaleza pero muy lindos. Los dos vivieron un tiempo en mi casa, pero como ya les conté la situación en mi hogar, se imaginaran lo que ellos sufrían en la casa, así que no duraron mucho y se fueron a vivir cada uno a lo que ahora es su hogar, por la esperanza, suena curioso el nombre pero creo que fue lo mejor, y a su manera (como siempre lo soñaron) son libres y felices, por lo menos así lo demuestran...
Después de estos momentos que fui observadora, ninguno de ellos me gustó. No me agrado la vida de mis hermanos, ellos serán felices pero yo no lo veía así. Mi hermana también se caso, eso fue cuando yo ya tenía 12 años, pero ella lo hizo más por irse de la casa, y díganme ¿quien no lo haría, después de lo que se vive aquí?, sería tonto hacerlo pero ¿existe otra salida?, yo creo que no.
Mi fiesta de promoción fue bonita, no me quejo, la pase bien, bueno aunque pase una vergüenza por que mi padre, como siempre, se le ocurre llevarme tarde al lugar. Pero bueno al fin de acabo la pase bien. Baile hasta cansarme, mis padres tomaron, mi hermana fue con su novio, en aquel tiempo, del que luego sería su esposo. Luego yo termine en el carro, el sueño me ganaba. Como no acordar que dentro de aquellas fiestas, mis gustos por el otro camino crecieron como espuma, verme convertida en una señorita, pero no solo eso sino que también vi a una de mis amigas estar igual que yo, y ahí me di cuenta que había vivido una pequeña ilusión, fue una amiga que por ahora no se de ella, pero que por cierto tiempo me hizo feliz, no se si era mi imaginación, pero creo que ella era igual que yo, lo triste es que mi miedo al rechazo era mi obstáculo, mi piedra que me mantuvo callada.

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